Educar hoy. Una decisión que no puede esperar

Iniciamos este espacio con la pregunta que dejamos abierta en la nota anterior… ¿estamos dispuestos a repensar y volver a definir el sentido de la educación para que dialogue y colabore con el presente y el futuro?.

Es nuestra intención retomarla, pensarla y encontrar respuesta/s válida/s. (Ver https://loqvi.com.ar/tensiones-y-desafios-en-tiempos-de-cambio-educativo/ )


Por Fabiana Luján García y María Elena Vicente

La pregunta debe convertirse en respuesta afirmativa: SI.  La “disposición a”, ya no es suficiente. La realidad educativa nos atraviesa e interpela. Necesitamos (la sociedad en su conjunto) decisión, voluntad y compromiso sostenido. 

En la medida que centremos la mirada en los verdaderos desafíos que tenemos frente a nosotros,  el sentido de la educación virará y dará respuestas válidas para un mundo y sociedades que se transforman. En este sentido, la educación “debe” dialogar y colaborar con el presente y el futuro.

Dimos respuesta a la pregunta. Ahora vamos a lo concreto.

¿Cuál es el propósito de “educar” en las instituciones educativas?

Según la Real Academia Española, EDUCAR puede definirse como: encaminar, desarrollar facultades intelectuales y morales. Son algunos de sus sinónimos: enseñar, formar, ilustrar, orientar, alfabetizar, guiar. Pues bien, a partir de esto, vamos a tener en cuenta tres cuestiones fundamentales.

  1. La escuela debe “ampliar” la concepción que la define como “transmisora de saberes conceptuales”, de conocimientos fácticos (en la nota anterior hemos hecho referencia a esto). Esta idea, se sostiene y visibiliza en prácticas de enseñanza que persisten, casi con exclusividad, en los diferentes niveles educativos, desde el Nivel Inicial al Nivel Superior, donde el conocimiento intenta ser transmitido y está en poder del docente. En estos espacios no se observan situaciones didácticas donde el saber circula, o se construye colaborativamente
  2. Si el sentido es superar la idea anterior, es necesario, redefinir el propósito de educar y replantearnos dónde pondremos el foco al momento de “enseñar”: ¿qué es necesario que la escuela enseñe para el mundo de hoy?.
  3. Es imprescindible, en las propuestas de enseñanza, poner el acento en lo que es capaz de hacer el estudiante con lo que ponemos a disposición: ¿la consigna que se le propone y debe resolver, lo desafía a analizar, inferir, diseñar, comparar y extraer conclusiones propias, argumentadas? ¿Ubica al estudiante en situación de intercambio con otro partiendo desde diferentes puntos de vista para lograr un análisis y síntesis colaborativa? ¿Habilita la posibilidad de resolver un problema analizado desde el enfoque de diferentes materias/asignaturas?…

Uniendo las tres cuestiones, entra en juego el sentido del que venimos hablando desde la nota anterior, y de esa necesidad de diálogo entre el presente y el futuro.

La educación debe formar estudiantes (desde el Nivel Inicial) capaces de pensar críticamente, resolver situaciones problemáticas, comunicarse con otros, aprender a aprender (metacognición), crear, ser ciudadanos responsables y competentes tecnológicos, fortalecer la subjetividad y las emociones..

Estas capacidades, no se desarrollan en el vacío, sino en presencia de contenidos, por supuesto.

¿Qué lugar tienen, en este sentido, los ámbitos de enseñanza? ; ¿Qué supone pensar críticamente?

Esta capacidad supone desarrollar la habilidad para analizar información, establecer relaciones, identificar supuestos, evaluar argumentos y construir una posición propia fundada en razones. Implica formular preguntas relevantes, contrastar fuentes, reconocer la complejidad de los problemas y aceptar que muchas situaciones no tienen una única respuesta posible.

Supone, entonces, ir más allá de la memorización o de la repetición de información. Involucra el comprender, interpretar, comparar. Para desarrollar esta capacidad, se requiere tiempo, pero por sobre todo decisión y mediación pedagógica. Las propuestas  de enseñanza deben ofrecer la oportunidad a los estudiantes de involucrarse activamente en la construcción del conocimiento.

No se trata únicamente de que sepan, sino que puedan hacer algo con ese saber. Los contenidos curriculares no se abandonan, sino que se trabajan en situaciones que les habilitan a los estudiantes el análisis, la comprensión y relaciones (entre otras habilidades).

Vamos a ver en concreto lo que estamos reflexionando en esta nota…

Supongamos que el contenido que debe desarrollarse sea la Revolución Industrial. Lo que sucede comúnmente en las aulas, es que se inicia con  una explicación expositiva sobre las causas y consecuencias de la misma. Los estudiantes escuchan (en el mejor de los casos), toman apuntes (a veces), fin de la clase. Seguramente será un contenido que se evaluará (examen escrito) en los próximos días, respondiendo preguntas.

En esta oportunidad, se propone iniciar con una situación problematizadora que habilite espacios de reflexión, compartir ideas, sacar conclusiones. Por ejemplo: ¿qué beneficios y qué perjuicios se observan cuando una sociedad cambia su manera de producir?.

El docente organiza la clase en equipos colaborativos de trabajo. Entrega consignas orientando el análisis que deben realizar los estudiantes con el material recibido. En cada equipo se enumeran del 1 al 4 (técnica de expertos). Cada número (experto) trabaja/analiza una de las fuentes históricas.

A los números 1 de cada equipo, les corresponden fragmentos de testimonios de obreros de la época; a los números 2, datos sobre producción y crecimiento económico; a los números 3, imágenes de fábricas y ciudades industriales y finalmente, a los números 4, textos de historiadores con posturas diferentes.

Luego del tiempo de análisis, regresan a su equipo y socializan lo trabajado y producido. Finalmente, la consigna indica armar un escrito donde se integren los aportes de cada miembro en un solo texto.

¿Cuál es el rol del docente en esta propuesta? Potencia la tarea de cada estudiante con preguntas adecuadas y válidas, brinda orientaciones y retroalimentaciones.

Finalizado este proceso, se realiza una puesta en común donde cada equipo socializa sus conclusiones, dando respuesta a la pregunta problematizadora inicial. En este punto, el docente recupera los conocimientos que circulan para dar entidad a ese saber.

(En esta propuesta, el docente va tomando decisiones que se fundamentan en concepciones sobre cómo agrupar, qué rol tiene el espacio, cómo proponer las metodologías, cómo evaluar. Preguntas que podremos ir considerando en otros artículos. Lo que se busca señalar aquí, es que toda propuesta didáctica implica una reflexión previa que da sentido a las decisiones docentes al momento de planificar una clase).

Contenidos y capacidades en diálogo: complementariedad vital para una educación con sentido

De este modo, el propósito de EDUCAR adquiere una dimensión más amplia y profunda. Se amplía la enseñanza de contenidos, entendida como transmisión. Se generan condiciones para que cada estudiante desarrolle su pensamiento, construya conocimiento con otros y participe responsablemente en una sociedad compleja y en permanente transformación.

Esta capacidad, implica la habilidad de analizar, evaluar de manera reflexiva la información y la aptitud para generar soluciones innovadoras ante los desafíos que se presentan en el entorno educativo y por fuera de él.

Soto y Sanchez (2020), refieren al pensamiento crítico como una herramienta fundamental para abordar los desafíos del mundo global y digital, que posibilita a los estudiantes pensar, analizar de manera crítica y discernir para tomar decisiones adecuadas al contexto o circunstancias.

Educar hoy, entonces, es una decisión que no puede esperar. Porque cada día que pasa sin revisar nuestras prácticas, sin preguntarnos qué y cómo estamos enseñando, es también una oportunidad que se pierde para construir la educación que el presente y el futuro nos están reclamando.

Cerramos con esta pregunta: Si educar hoy implica formar estudiantes capaces de pensar críticamente, analizar y construir conocimiento con otros, ¿qué transformaciones estamos dispuestos a asumir en nuestras prácticas de enseñanza para hacerlo posible?.

Fabiana Luján Garcia

Licenciada y Profesora en Psicopedagogía y Ciencias de la Educación.

Magister en Programación e Implementación de Proyectos Educativos.

María Elena Vicente

Licenciada en Educación

Licenciada en Aprendizaje Inclusivo y Efectivo

Profesionales con experiencia en gestión y liderazgo de equipos en instituciones educativas. Convencidas (por la propia práctica y la experiencia), que “transformar” implica construir sentido compartido, acompañar procesos y generar condiciones para el trabajo colaborativo. Que “orientar didácticamente” supone acordar y definir marcos claros, promover la reflexión sobre las prácticas y sostener instancias de formación situada. Los cambios genuinos no se imponen: se construyen colectivamente, con coherencia y acompañamiento continuo.

Compartir en

Newsletter

Suscríbete a nuestro newsletter y recibe todas las novedades del portal

Newsletter

Suscríbete a nuestro newsletter y recibe todas las novedades del portal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otras publicaciones