Hace pocas semanas, el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile (CEIUC) difundió un documento titulado «Un continente en el Punto de Inflexión» donde reflexiona acerca de las perspectivas políticas para América Latina para 2026, “en un contexto altamente volátil y ciertamente peligroso por lo desconocido”.
Allí, entre otras cosas, se hace hincapié en que “la presión de un orden internacional más transaccional y competitivo, marcado por la rivalidad EEUU-China, redefine las reglas del juego para la región», subrayando a su vez que China va a tratar de mantener sus fuertes vínculos comerciales con América Latina.
«La rivalidad EEUU-China se intensificará, con una mayor presencia militar estadounidense y competencia por recursos y activos estratégicos», augura el informe. (Ver https://loqvi.com.ar/los-riesgos-politicos-para-america-latina-en-2026/)
La importancia de este escenario radica en las fuertes acciones que viene tomando el Presidente norteamericano Donald Trump en los últimos meses.
«Las acciones en el mar Caribe y la captura del dictador Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo, inauguran una fase peligrosa. El mensaje es claro: el hemisferio occidental deja de ser concebido como un espacio de asociación estratégica y pasa a ser definido, en palabras de Trump, como “nuestro hemisferio” (nuestro quiere decir de Estados Unidos)», advierte el trabajo.
Según Oliver Stuenkel, investigador principal de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional y profesor asociado de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas de São Paulo, Brasil, la estrategia de Trump hacia la región tiene un tremendo límite llamado China, haciendo foco en las relaciones comerciales entre el continente y el gigante asiático.
En una columna publicada en The New York Times el pasado 12 de marzo, el ensayista destaca que desde 2005, los bancos chinos han volcado más de 120.000 millones de dólares en préstamos a países de Latinoamérica y el Caribe, destinados a los sectores de energía, minería y transporte pesado.
“El comercio entre China y Latinoamérica se disparó de los 12.000 millones en 2000 hasta los 518.470 millones de dólares en 2024”, señala.
Y agrega que “Brasil, la mayor economía de la región, exporta más a China que a Estados Unidos y Europa juntos. Durante décadas, las empresas chinas han construido puertos, centrales eléctricas e infraestructuras de telecomunicaciones en todo el hemisferio, financiando proyectos que los prestamistas occidentales se han mostrado reacios a apoyar”.
“Lejos de elegir un bando, los líderes latinoamericanos son cada vez más expertos en hacer los rituales públicos de alineamiento exigidos por Washington, al tiempo que redoblan discretamente sus lazos comerciales con Pekín”, arriesga.
Y usa como ejemplo a nuestro país.
“Bajo el mandato de Milei, Argentina ha rechazado una invitación para unirse al grupo BRICS de economías emergentes, ha suspendido un proyecto de telescopio chino y ha prohibido a empresas chinas presentar ofertas para obras de dragado a lo largo de una vía fluvial crítica.
Sin embargo, bajo su liderazgo, las exportaciones a China aumentaron un 125 por ciento interanual, y el país superó brevemente a Brasil como el mayor socio comercial de Argentina.
“Creo que ningún país de América Latina puede prescindir de la relación con China”, dijo a CNN Juliana González Jáuregui, investigadora de la sede en Argentina de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
China es una potencia comercial cuyas exportaciones se dirigen principalmente a Hong Kong, Estados Unidos, Vietnam, Corea del Sur y Japón, de acuerdo con cifras del Observatorio de Complejidad Económica (OEC), una instancia no gubernamental. En tanto, los puntos de origen de sus importaciones son Taiwán, Corea del Sur, Japón y Rusia, según el OEC.
«Aunque América Latina en su conjunto no figura entre los principales socios comerciales de China, el flujo entre la región y el país asiático aumenta cada vez más», dijo a CNN Gilberto García, economista en jefe del OEC.
Hoy, Brasil, México, Colombia, Chile y Perú representan alrededor del 90% de la actividad comercial de América Latina con China y, de ellos, Brasil es el que tiene una relación más dinámica con el país asiático.
En cuanto a los productos que circulan entre ambas partes, García destacó que China exporta a América Latina teléfonos y tecnologías verdes como paneles solares, motores eléctricos y otros componentes esenciales para la transición energética, mientras que importa materias primas como hierro, cobre, litio, petróleo crudo y algunos alimentos como pescado o soja.
Pero donde hay que poner más en el foco es en el campo de las inversiones chinas en la región. En especial, en infraestructura.
Datos de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China, basados en información de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), muestran que el máximo histórico de la inversión china en la región se registró en 2010, cuando alcanzó los US$ 23.200 millones.
Desde entonces, el indicador ha tenido altibajos: en 2019 fue de US$ 19.231 millones, en 2020 cayó a US$ 9.277 millones, en 2021 subió a US$ 12.704 millones y en 2022 escaló a US$ 15.441 millones, para después caer en 2023 a US$ 9.672 millones y en 2024 a US$ 8.530 millones.
La Red señala que se trata de un flujo importante de recursos aunque pide tomarlos en su justa dimensión. Como muestra, señala que en el período 2020-2024 el 93,02% de la inversión extranjera directa en América Latina provino de lugares distintos a China.
El 14 de noviembre de 2024 fue inaugurado en Perú el megapuerto de Chancay, a 80 km del norte de Lima, el puerto más grande Sudamérica. En su creación jugó un papel clave la segunda economía del mundo: China.
De hecho, en la inauguración estuvo presente el Presidente chino, Xi Jinping. En la apertura, la obra fue presentada como «un hecho histórico que impulsará el desarrollo».
«Estas inversiones chinas en América Latina “despegaron” a partir de la crisis financiera global de 2008-2009″, dijo a CNN David Castrillón-Kerrigan, profesor de la Universidad Externado de Colombia.
De acuerdo con el especialista, en un principio fue primordialmente inversión estatal y estuvo dirigida a los sectores energético y minero. Esto cambió con los años, cuando empresas privadas chinas entraron al juego y empezaron a invertir en otros sectores como tecnología y ropa.
Una tercera vía por la que China está dejando su marca en América Latina son las obras de infraestructura.
El Repositorio Regional de Inversiones Chinas en América Latina, una plataforma elaborada en conjunto por instituciones académicas y organizaciones civiles, señala que China está relacionada con este tipo de proyectos en 13 países de la región: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
De acuerdo con dicho Repositorio, en la región resaltan la construcción de la Línea 1 del Metro de Bogotá y de la autopista de Urabá en Colombia, la edificación de la prisión El Encuentro y de algunos hospitales en Ecuador, los trabajos en caminos en Bolivia, la vía ferroviaria de oeste a este en Brasil y la fabricación de nuevos trenes para las líneas San Martín y Belgrano Norte en Argentina, entre otros.
(Ver https://china-latam.iclac.cl/InvestmentCountry)
Pero hay más.
En nuestro país, la inversión china está presente en más de 50 obras de infraestructura, y datan desde 2006 en adelante.
Algunas de ellas son, además de los mencionados:
Construcción de Parque Eólico El Angelito; Adquisición de participación minoritaria en activos de refinería de Pan American Energy (2011); Adquisición completa de fábrica de material rodante de Emprendimientos Ferroviarios (2013); Adquisición completa de planta procesadora de carne de Marfrig Estancias del Sur (2016); Modernización del ferrocarril Belgrano Cargas; Las presas Cóndor Cliff (Nestor Kirchner) y Barrancosa (Jorge Cepernic) en joint venture con Electroingeniería; Adquisición de participación mayoritaria en campos de litio de Lithium X (2018); Construcción de los parques eólicos Loma Blanca y Miramar (2020; Adquisición de activos de Nidera Semillas; y la Ruta 5, entre muchos otros.
Y atención con Colombia, donde su Presidente, Gustavo Petro, estuvo en la mira del propio Trump cuando el magnate invadió Venezuela a comienzos de año-

“Colombia dio un paso estratégico en el escenario internacional al integrarse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), el ambicioso plan de infraestructura global promovido por China. Esta decisión, consolidada tras el encuentro entre el presidente Gustavo Petro y Xi Jinping en mayo de 2025, posiciona al país como un actor clave en la disputa de influencia geopolítica en América Latina, donde la nación asiática busca ganar terreno frente al liderazgo tradicional de Estados Unidos”, publica el Observatorio de actividad de los capitales chinos en América Latina.
¿Cuáles son los proyectos clave entre China y Colombia, en medio de la tensión con EE.UU.?
Los esfuerzos de cooperación China–Colombia se centran en un portafolio de Proyectos de Interés Nacional Estratégico (PINES), diseñados para atraer inversión, capacidad técnica e industrial china. Entre los principales destacan:
- Reactivación de 1.500 kilómetros de red férrea entre 2026 y 2040.
- Estrategia Vías para la Paz para mejorar corredores viales y desarrollo regional.
- Programa de electrificación del transporte público para movilidad cero emisiones.
- Colombia Solar, para ampliar energías limpias y acelerar la transición energética.
- Iniciativas de conectividad digital y fibra óptica en regiones estratégicas.
- Proyectos de agua potable y saneamiento básico para mejorar calidad de vida en zonas prioritarias.
Cynthia Sanborn, directora del Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico (CECHAP) de la Universidad del Pacífico, también en declaraciones a la CNN, puntualizó en el hecho de que empresas chinas realicen obras de infraestructura que brindarán servicios públicos implica para los gobiernos de América Latina el desafío de hacer que rindan cuentas en materia de transparencia y estándares de construcción.
Además, dijo, la realización de estos proyectos en el contexto actual conlleva el riesgo de que para algunos países se tensen aún más las relaciones con Estados Unidos, donde Trump ha dejado claro que no quiere que ninguna otra nación opaque la influencia estadounidense en la región.
“Yo diría que hoy el riesgo geopolítico es significativo, el hecho de que Estados Unidos ha mostrado disponibilidad de usar el garrote y la zanahoria”, señaló Sanborn.
Hasta en la ciudad de Mar del Plata, China ha dicho presente.
El pasado 10 de febrero, el embajador chino en la Argentina, Wang Wei, visitó “La Feliz”.
“China está dispuesta a profundizar la cooperación con Mar del Plata”, afirmó el diplomático en diálogo con Diario La Capital, donde fue recibido por su propietario, y el hombre fuerte del distrito, Florencio Aldrey Iglesias.
Turismo, pesca, comercio, educación y cultura aparecen en una agenda de una relación que en verdad, ya existe hace décadas.
En los encuentros que mantuvo con el citado empresario y con el intendente interino Agustín Neme, se habló de fortalecer la cooperación institucional y de ampliar los acuerdos de hermanamiento con ciudades chinas como Tianjin y Dalian.
La agenda incluyó además una visita a la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), donde Wang Wei dialogó con autoridades, docentes y estudiantes sobre el desarrollo de China y la importancia de profundizar la cooperación en educación, ciencia y tecnología.
Pablo Portaluppi

El título dice que soy Licenciado en Periodismo, pero eso poco importa. Lo más importante es que solo dependo de mi.






