Tensiones y desafíos en tiempos de cambio educativo

¿Debemos cambiar la “cultura de la educación”? ¿Cómo atraviesa la formación docente esta idea de transformación?

Interrogantes que nos permiten avanzar en un proceso reflexivo que, si bien es muy escuchado y actual, aún no encuentra posibles respuestas que impacten en la realidad. No pretende este artículo proponer verdades absolutas (ya no existen), sino compartir algunas ideas que nos inviten a mirar la educación desde otros ángulos, tensionando supuestos y verdades.

Por Fabiana Luján García y María Elena Vicente

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Lo primero que podemos analizar es la posibilidad de hacer un cambio en la cultura de la educación, entendiéndose a esta como un conjunto de normas y prácticas compartidas que definen la forma en que debe desarrollarse la educación en un contexto determinado.

Las ideas sobre si el aprendizaje debe centrarse en el docente o en el estudiante, en los contenidos o en el desarrollo de capacidades; si las aulas reflejan solo clases magistrales o deben ser espacios de trabajo cooperativo; si los docentes deben trabajar de manera independiente o colaborativo y sobre las tareas que se espera que los estudiantes desempeñen durante su escolaridad, definen esa cultura educativa.

Podemos afirmar que hay cambios en las formas de comunicarnos, se han diversificado las modalidades de trabajo, somos testigos de importantes avances tecnológicos, como del acceso inmediato al conocimiento…

¿Y entonces?… ¿por qué resulta tan complejo transformar la  educación y ponerla a la altura de las demandas del mundo actual?.  

Modificar ciertas tradiciones pedagógicas implica revisar ideas y prácticas profundamente arraigadas e internalizadas por muchos años y que hoy dificultan algunas reconsideraciones necesarias. Todos acordamos que una innovación educativa es ineludible y, de hecho, hay experiencias y evidencias de transición que se están produciendo en las instituciones, a las que se les debe dar el tiempo apropiado para que se afiancen y marquen el rumbo de un cambio de cultura de la educación y gramáticas escolares.

La transformación es colectiva, no individual. Los docentes, agentes clave para liderar la transformación de la cultura y de las prácticas, se enfrentan al desafío de desandar caminos e intentar nuevas intervenciones que ellos mismos, en muchas ocasiones, no han experimentado en su trayectoria como estudiantes. La importancia de la revisión de la formación docente inicial, es prioritaria.

¿Con qué problemas nos encontramos y cómo podemos solucionarlos?

La formación docente enfrenta dos desafíos: revisar el modelo de transmisión de contenidos como forma, casi, exclusiva de enseñanza y la necesidad de desarrollar capacidades para un desempeño autónomo.

Programas de evaluación como PISA (OECD, 2019; 2023) y las pruebas APRENDER, evidencian la necesidad de profundizar el desarrollo de capacidades, tales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la transferencia de saberes a contextos diversos. De este modo, se pone nuevamente en el centro de la acción a la formación docente inicial y continua.

Tomando las ideas de Darling-Hammond et al. (2019), quienes  afirman que, de no existir una base mínima de autonomía cognitiva y profesional, se torna necesario rediseñar los programas, convirtiéndose así en una oportunidad para transformar la cultura educativa y que estas futuras prácticas impacten en el aula redefiniendo otros modos de enseñar, habilitando aprendizajes necesarios para el siglo XXI.

El aprendizaje basado en capacidades ya no es opcional

El aprendizaje basado en el desarrollo de capacidades ya no es una tendencia sino una realidad avalada desde múltiples estudios científicos. Tanto el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) como el Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC) proponen un cambio de paradigma desde la enseñanza basada en el conocimiento hacia el aprendizaje de capacidades.

De esta forma, los docentes se convierten en impulsores del aprendizaje a través del desarrollo de capacidades, utilizando nuevas metodologías, otra forma de interacción docente-estudiantes, otra visión de la evaluación, diferentes recursos, tiempos y agrupamientos, entre otras cosas.

En Argentina, no podemos desconocer los lineamientos del Consejo Federal de Educación y del Instituto Nacional de Formación Docente que sostienen un enfoque centrado en el desarrollo de capacidades y el fortalecimiento del rol profesional docente.

No obstante, la persistencia de modelos transmisivos y fragmentados evidencia la complejidad de modificar las gramáticas escolares. Entendemos que es un proceso que demanda tiempo, acompañamiento y marcos institucionales coherentes con la actualidad.

¿Qué entendemos por capacidades?

Las pensamos como desempeños complejos, transferibles y demostrables (saber, saber hacer, saber ser, sentir y convivir). Si comenzamos a entender la importancia de formar docentes desde esta postura, modelo o paradigma, podemos comenzar a pensar que van a transformarse las aulas, y de esta forma, los aprendizajes de los estudiantes.

Enseñar hoy pensando en el futuro

Tenemos que entender primero para qué tipo de sociedad/mundo/contexto queremos preparar las instituciones escolares y qué pensamiento tenemos como comunidad educativa al respecto.

En una sociedad caracterizada por cambios constantes, propios del llamado mundo “VICA” (volátil, incierto, complejo y ambiguo), es fundamental entender que las prácticas que se venían desarrollando ya no son suficientes. La educación debe migrar del modelo de enseñanza centrado en la acumulación de información y transmisión, hacia una propuesta que contemple el saber + el saber hacer: aplicar, analizar, resolver situaciones, pensar. Así mismo, procurar que el aprendizaje se construya en interacción con la realidad y el entorno (saber ser, sentir y convivir).

Repensar la educación nos propone hacer un análisis crítico sobre cómo se enseña y cómo se aprende hoy. El eje del debate debe estar en repensar los modos de acceso y apropiación del conocimiento, las relaciones entre docentes y alumnos y las condiciones necesarias para lograr aprendizajes significativos.

Transformar la cultura educativa implica volver a las preguntas esenciales de qué enseñamos, cómo enseñamos y, sobre todo, para qué enseñamos, pero debemos hacerlo en constante diálogo y colaboración con la realidad si pretendemos cambios con calidad educativa.

Para finalizar, la pregunta que dejamos abierta, es tan simple como profunda: ¿estamos dispuestos a repensar y volver a definir el sentido de la educación para que dialogue y colabore con el presente y el futuro?

Fabiana Luján Garcia

Licenciada y Profesora en Psicopedagogía y Ciencias de la Educación.

Magister en Programación e Implementación de Proyectos Educativos.

María Elena Vicente

Licenciada en Educación

Licenciada en Aprendizaje Inclusivo y Efectivo

Profesionales con experiencia en gestión y liderazgo de equipos en instituciones educativas. Convencidas (por la propia práctica y la experiencia), que “transformar” implica construir sentido compartido, acompañar procesos y generar condiciones para el trabajo colaborativo. Que “orientar didácticamente” supone acordar y definer marcos claros, promover la reflexión sobre las prácticas y sostener instancias de formación situada. Los cambios genuinos no se imponen: se construyen colectivamente, con coherencia y acompañamiento continuo.

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