En 40 años, Argentina redujo cinco veces el presupuesto militar

En la pobre conferencia de prensa brindada ayer por el aún Jefe de Gabinete Manuel Adorni, una declaración suya pasó casi desapercibida en el medio del escándalo desatado por sus viajes y sus bienes no declarados.

Es hora de reconstruir el instrumento militar y poner a las Fuerzas Armadas en el lugar que cualquier nación madura y seria tiene. En el marco del equilibrio fiscal y el crecimiento económico, este Gobierno se compromete a promover la sostenida reconstrucción del instrumento militar”, dijo el ex columnista de radio, a quien, en ese caso, le asiste la razón.

De acuerdo a un informe del Banco Mundial, Argentina es uno de los países de la región que menos invierte y gasta en sus fuerzas armadas. Y la administración que integra Adorni también es parte de tal desfinanciación.

Según el organismo, que analiza datos de 2024, nuestro país apenas destinó al gasto militar el 0,6% de su presupuesto en relación al PBI.

¿Cuánto gastaron los demás países de la región? Colombia, país gobernado por la centro izquierda, un 3,4%, encabezando la lista.

Le siguen Cuba con un 2,9%, y Uruguay, con un 2,3%. Otros ejemplos: Ecuador (2,2%), Chile (1,6%), Brasil (1%), El Salvador (1,2%), Bolivia (1,4%), Belice (0,9%), Honduras (1,6%), Paraguay y Perú con el 0,9% cada uno.

Por debajo de Argentina, solo aparecen Haití, con el 0,1%, Venezuela (0,5%) y Guatemala (0,4%). Hasta Guyana tiene mayor incidencia (0,9%).

Datos que no hacen más que confirmar los dichos del Jefe de Gabinete. Pero su gobierno también es, al menos hasta acá, parte del problema.

Para el Presupuesto de este año, el Gobierno de Javier Milei recortó en más de un 12% las partidas para Defensa respecto a 2025.

El gasto total castrense pasa de 5.154.115 millones de pesos en 2025 a 5.699.659 millones de pesos en 2026, lo que implica una suba interanual del 10,6%. Pero la caída real del 12,2% surge al ajustar esos valores por la inflación interanual medida por consultoras privadas, que ronda el 26%

Sólo en los tres meses que lleva el año, el país ya acumula cerca de un 10% de alza de costo de vida.

De acuerdo al portal El Estratégico, “la composición interna del gasto operativo refuerza esta tendencia. En las tres Fuerzas Armadas, el gasto en personal absorbe entre el 75% y el 85% del presupuesto, dejando un margen reducido para funcionamiento e inversión”.

El Ejército destina cerca del 85% de su crédito a salarios, la Armada supera el 80% y la Fuerza Aérea ronda el 75%.

Pero este problema viene de lejos, y no para de agravarse, tal cual lo reflejó este medio en un informe publicado en 2023.

Mientras que en 1984, primer año pleno del gobierno de Raúl Alfonsín, los gastos militares representaron el 2,74% del PBI, en 2024 apenas fueron del 0,6%. Es decir, una caída de casi 5 veces en 40 años.

La involución es notable. 

Durante la gestión radical, entre 1983 y 1989, se mantuvo siempre por encima del 2%, pero a la baja año tras año. En 1990, a comienzos del gobierno de Carlos Menem, la inversión castrense ya estaba por debajo de los 2 puntos: 1,45%.

Pero al menos en los años menemistas se mantuvo casi constante. Sin embargo, en 1999, con el riojano en retirada, fue de apenas el 1,22%. 

En los 2 años de la Alianza, y en el año y medio de la gestión de Eduardo Duhalde, es decir entre 2000 y 2003, fue de 1,15%, 1,18%, 1,09% y 1,06%.

Aunque claramente cayendo, se mantuvo siempre por encima del 1%. Y aún durante un período de fuerte crisis económica, como fue la salida de la convertibilidad y la caída de Fernando De la Rúa.

Pero desde la asunción de Néstor Kirchner en mayo de 2003, la incidencia no paró de caer, ya por debajo del punto porcentual.

Mientras en 2004 fue de 0,88%, en 2007, último año de gestión del santacruceño, fue de 0,79%. Y durante la presidencia de su esposa Cristina Kirchner no fue mejor.

En 2008 fue de 0,76%, y aunque subió levemente en los años subsiguientes, nunca llegó al piso del 1%: en 2015 fue de 0,85%.

Entre 2016 y 2019, período en el cual gobernó Mauricio Macri, la incidencia no se modificó demasiado, aunque bajó: comenzó en 0,81% y culminó en 0,71%. Aunque medido en miles de millones de dólares, la gestión de Cambiemos salva la ropa: para 2017, se registró la mayor inversión en 20 años, cuando se destinaron u$s 5.459 millones.

Y desde ahí en adelante, fue en franco descenso: durante el último año de Macri fue de 3.100 millones de dólares, y en 2020, 2021 y 2022, ya con Alberto Fernández en la presidencia de la Nación, cayó por debajo de los 3.000 millones, tocando el piso histórico de 2.598 millones en dólares para 2023.

La comparación con otros países del mundo, aparte de Latinoamérica, tampoco nos deja bien parados.

Siempre de acuerdo a datos publicados por el Banco Mundial, España invirtió en gasto militar en relación al PBI el 1,37%, Alemania el 1,34%, Reino Unido el 2,22%, y Francia, el 1,95%.

Argentina, recordemos, apenas el 0,6%.

Con una asignación presupuestaria que no llega al 1% del PBI, y de la cual más del 80% se destina a gasto de personal, prolongada en el tiempo no se llega a otro destino que al colapso de las Fuerzas Armadas”.

Con estas palabras, el ex ministro de Defensa Horacio Jaunarena graficaba con dramatismo la problemática sobre el gasto militar que había en el año 2017, cuando se puso la lupa sobre el tema en ocasión de la desaparición del submarino Ara San Juan, ocurrida el 15 de noviembre de aquel año.

El 15 de diciembre de 2017, exactamente un mes después de la desaparición de la nave, el fallecido fiscal federal Jorge Di Lello, junto a Hernan Mogni y Santiago Barea, promovió un expediente para intentar determinar responsabilidades penales en la tragedia.

El trabajo se llamó “El problema de la Defensa Nacional”. Allí declararon varios especialistas en la materia, que intentaron, además de echar luz sobre la cuestión castrense, advertir sobre los riesgos de desatender a las Fuerzas Armadas. Uno de ellos fue Rosendo Fraga, quien entonces revelaba que “en 35 años el gasto en Defensa pasó del 3% del PBI a menos del 1%”.

A pesar de la tragedia del Ara San Juan, cuyos restos fueron localizados el 17 de noviembre de 2018 sobre el lecho marino a unos 800 metros de profundidad en el Atlántico Sur, con sus 44 tripulantes muertos, nada cambió.

Pero aún, si se recuerda un hecho casi olvidado.

El 7 de octubre de 2020, el ex Presidente Alberto Fernández junto al entonces ministro de Defensa Agustín Rossi, presentaban el llamado Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF), creado a través de la ley 27.565 durante aquel año, un “fondo de financiamiento específico para la recuperación, modernización y/o incorporación de material para el reequipamiento de las Fuerzas Armadas”.

De acuerdo a la información oficial, “el FONDEF contará con más de 34.000 millones de pesos en el 2021, y se estima que impulsará la creación de al menos 20.000 nuevos puestos de trabajo”.

El jefe de Estado manifestaba entonces que “es tiempo de que a las Fuerzas Armadas le demos la jerarquía y el reconocimiento social que merecen”. Y destacaba: “Son los que están llamados a defendernos frente a cualquier agresión. Y por eso nos ocupamos de que parte de ese reconocimiento se manifieste en un ordenamiento salarial que durante mucho tiempo faltó».

Pero mucho no habría ocurrido.

Pablo Portaluppi

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