Narcotráfico: EEUU incrementa el control militar en Sudamérica

Con el conflicto en Medio Oriente en una tensa tregua, pero con otros frentes abiertos, el gobierno de EEUU vuelve a poner la mira en nuestra región. Así lo demuestra al menos un reciente informe del New York Times sobre la fuerte presencia militar norteamericana en los principales puertos sudamericanos con el objetivo declarado de combatir el tráfico de drogas originado en esta parte del mundo.

Los bulliciosos puertos marítimos de Sudamérica nunca han estado bajo una vigilancia tan estrecha”, comienzo diciendo el artículo firmado por los periodistas Ana Ionova y Max Bearak.

Y agrega que los mismos “están patrullados por soldados armados y vigilados por miles de cámaras. Los drones buscan a buzos que esconden cocaína en los barcos. Perros rastreadores, agentes especiales y escáneres con inteligencia artificial registran contenedores llenos de café y carne de res en busca de indicios de drogas”.

Es que el contexto no ayuda.

Según el último reporte oficial de las Naciones Unidas,

“en 2023, cerca de 316 millones de personas consumieron alguna droga (excluidos el alcohol y el tabaco); es decir 6% de la población entre 15 y 65 años, frente a 5.2% de la población en 2013”.

Además, “la producción, incautaciones y consumo de cocaína alcanzaron nuevos máximos en 2023, convirtiéndose en la droga ilícita con mayor crecimiento de mercado”.

El informe de la ONU añade: “La producción ilegal se disparó a 3,708 toneladas, casi 34% más que en 2022. Las incautaciones mundiales alcanzaron un récord de 2,275 – lo que supone un aumento de 68% con respecto a 2019-2023. El consumo creció de 17 millones de usuarios en 2013 a 25 millones en 2023”.

Y de acuerdo a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (Jife) de la ONU, Colombia continúa siendo el principal productor de cocaína en el mundo. Y le siguen muy de cerca Bolivia y Perú.

Los países sudamericanos nunca han contado con un arsenal de herramientas tan potente, desde tecnología avanzada hasta poderío militar. Pero las autoridades afirman que libran una batalla cuesta arriba contra grupos criminales con grandes recursos económicos, de alcance global y que obtienen enormes ganancias gracias a la demanda récord de cocaína”, afirma el New York Times.

Con el compromiso de acabar con el tráfico de drogas, el gobierno de Donald Trump ha atacado decenas de embarcaciones frente a las costas de Sudamérica desde el año pasado, con el argumento de que transportaban drogas hacia Estados Unidos. Los ataques han causado la muerte de al menos 177 personas.

Pero los expertos afirman que gran parte de la cocaína que termina en las ciudades estadounidenses se introduce de contrabando principalmente a bordo de buques de carga, primero hacia Centroamérica o México a través del océano Pacífico, y luego se trafica a través de la frontera sur de Estados Unidos.

Las numerosas y novedosas formas en que los traficantes evitan ser detectados ponen de manifiesto los retos a los que se enfrentan las naciones sudamericanas que intentan apaciguar a un presidente de Estados Unidos que ha convertido el tráfico de drogas en el eje central de su política hacia América Latina”, dice el prestigioso medio.

Pero a pesar de los controles, la droga busca otras vías, como la selva tropical de Guyana y Surinam.

Y los puertos más importantes por donde sale la droga son los de Guayaquil, en Ecuador, y Santos, en Brasil. Las incautaciones de cocaína en los principales puertos mundiales se han más que triplicado en la última década, según datos de la ONU, un aumento que los expertos atribuyen a una actuación policial más eficaz.

Sin embargo, una vez allí, se suele ocultar las drogas entre la carga legítima, como jugo de naranja o soya, o se fijan de forma clandestina a los cascos de los buques de carga.

Este es, con diferencia, el método más conveniente para ellos”, afirman los expertos, estimando que las autoridades solo pueden inspeccionar entre el 2 y el 3 % de los contenedores cada día.El riesgo de detección es realmente bajo”.

Para tener una real dimensión del problema, valga este dato:

La fabricación de un kilogramo de cocaína suele costar unos 2000 dólares, pero puede venderse por más de veinte veces esa cantidad en Europa o Estados Unidos.

En medio de esta avalancha de cocaína, Trump ha advertido a los países que detengan el flujo de drogas o se arriesguen a una intervención militar de Estados Unidos.

De hecho, y como ya publicara este medio, a comienzos de marzo pasado, el gobierno norteamericano inició operaciones en conjunto con Ecuador para enfrentar organizaciones terroristas en el país sudamericano.

«El 3 de marzo, fuerzas militares ecuatorianas y estadounidenses lanzaron operaciones contra Organizaciones Terroristas Designadas en Ecuador. Estas operaciones son un claro ejemplo del compromiso de sus socios en América Latina y el Caribe para combatir el flagelo del narcoterrorismo», informó el Comando Sur de EEUU en su cuenta de X.

Así mismo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en su informe Mundial sobre las Drogas, advierte que “una nueva era de inestabilidad global intensifica los retos para abordar el fenómeno mundial de las drogas, empoderando a los grupos de la delincuencia organizada y catapultando el consumo de drogas a niveles históricamente altos”.

Esta edición del Informe Mundial sobre las Drogas muestra que los grupos delictivos dedicados al tráfico de drogas continúan adaptándose, explotando las crisis y teniendo en la mira a las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad,” mencionó Ghada Waly, Directora Ejecutiva de UNODC.

Y sugirió que “debemos invertir en prevención y abordar las causas raíz del tráfico de drogas en todas las etapas la cadena de suministro”. A la vez que agregó: “Debemos reforzar las respuestas, aprovechando la tecnología, fortaleciendo la cooperación transfronteriza, proporcionando medios de vida alternativos y tomando acciones desde la justicia para combatir a los responsables que impulsan las redes ilícitas del tráfico de drogas”.

Debido a los bajos costos de operación y reducidos riesgos de detección en las rutas de tráfico, el mercado de drogas sintéticas se expande velozmente a nivel mundial, predominando los estimulantes de tipo anfetamínico (ETA) como la metanfetamina y la anfetamina (incluido el «captagón»).

Las incautaciones de ETA alcanzaron un máximo histórico en 2023 y representaron casi la mitad de las incautaciones globales de las drogas sintéticas, seguidas de los opioides, incluido el fentanilo.

Argentina, por caso, en abril de 2024 recibió la visita de la general Laura J. Richardson, jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, quien se reunió con el Presidente Javier Milei en Tierra del Fuego, con el objetivo, se informó desde el propio Gobierno, “de reforzar los lazos de cooperación e intercambio estratégicos entre ambos países”.

En su visita, la militar aprovechó y, en una entrevista con el medio Infobae, dejó una advertencia a la que pocos le prestaron atención. “Tenemos que trabajar mejor juntos para ayudar a aplastar esta actividad criminal que sólo permite a estas redes y a sus carteras haberse ampliado”, señaló.

¿A qué se refería Richardson? A uno de los problemas más graves que aqueja a su país: el consumo de fentanilo.

Y para no dejar dudas, agregó:

Es cuestión de tiempo para que el fentanilo se convierta en epidemia en América Latina”.

Los trastornos por consumo de drogas representan un costo enorme para las personas, las comunidades y los sistemas de salud. El creciente alejamiento del multilateralismo y la reasignación de recursos podrían intensificar el problema, señala el Informe.

El costo social por no abordar los trastornos vinculados con el uso de drogas es elevado: Casi medio millón de muertes y 28 millones de años de vida saludable se perdieron por discapacidad y muertes prematuras (AVAD) en 2021.

Se calcula que sólo una de cada 12 personas con trastornos por consumo de drogas recibió algún tipo de tratamiento en 2023.

Factores como las políticas públicas contextualizadas y la disponibilidad de servicios de salud y sociales basados en la evidencia pueden ayudar a mitigar el impacto del consumo de drogas en las personas y las comunidades”, concluye el New York Times.

Redacción

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