Por Fabiana García y María Elena Vicente
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En la nota anterior sostenemos que educar hoy, supone desarrollar capacidades en los estudiantes. Pensar críticamente, construir conocimiento con otros y ser ciudadanos responsables, entre otras, son capacidades que no se desarrollan en el vacío, sino en diálogo permanente con los contenidos curriculares.
(Ver https://loqvi.com.ar/educar-hoy-una-decision-que-no-puede-esperar/)
Existen, además de estas, otras capacidades que debemos fortalecer y desarrollar en las escuelas: resolución de problemas, comunicación, aprender a aprender,además de las capacidades digitales que favorecen la adquisición de una cultura tecnológica creativa y responsable. Entendemos que las mismas deben ser transversales a los contenidos disciplinares, donde se combinan saberes, valores y experiencias de aprendizajes que contemplen ese saber, saber hacer, saber ser y convivir. Todo esto puesto en juego para configurar modos de pensar, actuar y relacionarse, aptitudes imprescindibles para el mundo complejo y cambiante donde actúan y actuarán los estudiantes.
Entonces…la pregunta central es ¿cómo se desarrollan estas capacidades en la institución educativa?
Tener en claro qué aprendizaje deben desarrollar y alcanzar los estudiantes, es el punto de partida. Esto perfila el proceso de enseñanza, le da un sentido y dinámica particular. Define propuestas pedagógicas y experiencias que favorecen los aprendizajes que se pretenden construir y alcanzar.
¿Por qué sostenemos esto? Porque según el objetivo y aprendizaje esperado, la enseñanza tomará un rumbo diverso. Si nos posicionamos en desarrollar capacidades esto nos va a exigir, por lo menos, transformar las metodologías, los objetivos y la evaluación.
Será un propósito de cada experiencia de aprendizaje enlazar conocimiento y capacidad, es decir, convertir los saberes en herramientas para la vida cotidiana.
Vamos al aula…..resolviendo situaciones en el Nivel Inicial (en el artículo anterior compartimos una situación pedagógica para el Nivel Secundario).
Podemos pensar un ejemplo concreto, a través de un desafío que será presentado por el docente. Los niños resolverán-analizarán una situación, podrán plantear hipótesis, hacer pruebas, argumentar, volver a la situación inicial, etc. a través de la exploración, la indagación, articulando lo lúdico, manipulando objetos, comparando, etc. todo para llegar a un conocimiento más profundo (el proceso será guiado, orientado por el docentes a través de preguntas e intervenciones pertinentes).
Desafío/reto: construir un puente con bloques para que los autos circulen hacia el otro lado de la laguna (situación que se arma en la sala).
El docente intervendrá con preguntas que habiliten la reflexión y análisis en los pequeños, por ejemplo: ¿todos los bloques se pueden usar? ¿Cuáles sí y cuáles no? ¿Por qué? ¿el puente se podría caer? ¿qué harían para que esto no suceda? ¿por qué deciden hacer eso? ¿Qué ayuda necesitan? ¿cómo mejorarían el puente? ¿Qué les dirían a las personas que circulan por el puente? ¿Por qué?…
Podríamos pensar muchas preguntas más, mientras los niños van trabajando en la situación, además de relacionar con contenidos como nociones espaciales, equilibrio, materiales, cantidades, seriación, compañerismo, colaboración, etc. pero lo más importante, teniendo en cuenta de dónde partimos, es la capacidad de analizar una situación y buscar soluciones. Si desde nivel inicial proponemos estas experiencias, cuando le presentemos un desafío o un reto en los niveles siguientes, habrá todo un ejercicio o aprendizaje previo en cuanto a la toma de decisiones y modos de intervenir en las situaciones que se les presentan.
Si la capacidad es aprender a aprender o metacognición, la pregunta será siempre ¿qué te hace decir/hacer eso?
Pensar sobre el pensamiento se torna esencial en las aulas si pretendemos transformar nuestras experiencias educativas, una de las sugerencias puede ser trabajar con la escalera de la metacognición propuesta por Robert Swartz (ideólogo del método aprendizaje basado en el pensamiento).
En Nivel Primario podemos presentar el reto desde Ciencias Naturales.
¿Cómo podemos cuidar el consumo del agua en nuestra escuela? por supuesto que se puede trabajar desde un proyecto con intervención de otras áreas. Los estudiantes podrán investigar, observar, analizar datos sobre el uso del agua y presentarán propuestas. Durante estos desempeños el docente tendrá oportunidades de intervenir para que se produzca la toma de conciencia de las propias estrategias de pensamiento que llevan a cabo los alumnos. Podrán escribir o conversar, por ejemplo, sobre:
- qué fue lo más difícil de la tarea,
- qué estrategias utilizaron para resolverla,
- qué harían diferente la próxima vez.
Si queremos usar la escalera de metacognición, podría ser:
- qué he aprendido (contenido o capacidad)
- cómo lo he aprendido (hace consciente su proceso de pensamiento)
- para qué me ha servido (reconoce utilidad y dificultades que ha tenido)
- cómo usarlo en otros desafíos (transfiere a otras situaciones)
Este tipo de propuestas permite que los estudiantes reconozcan sus procesos de aprendizaje, lo que favorece una mayor autonomía.
Por ejemplo: en la etapa de investigación, observación del problema, análisis de la información y elaboración de propuestas, se ponen en juego capacidades como el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Cuando presentan sus ideas a los pares, comunidad (a través de textos, de manera oral, escrita, con el uso de recursos tecnológicos), se fortalecen las capacidades de comunicación y trabajo colaborativo, organizando las ideas, argumentando y dialogando con otros.
En síntesis, la propuesta, no solo permite comprender el cuidado del agua como contenido curricular, sino también, de formar estudiantes capaces de investigar, analizar, comunicar y reflexionar sobre cómo aprenden.
El desafío docente en la escuela de hoy
Proponer experiencias de aprendizaje como las que hemos descrito no es una tarea sencilla. Implica repensar las prácticas de enseñanza, revisar las formas de organizar el aula y asumir nuevos roles profesionales. Para ello el docente debe dar lugar a nuevas formas de enseñar desde la escucha, la creatividad, los vínculos, transformando el aula en un lugar donde se puede sentir, crear y convivir.
Pensarse como un diseñador de experiencias de aprendizaje, mediador del conocimiento y acompañante de los procesos de los estudiantes, significa proponer situaciones donde el aprender cobre sentido desde la realidad auténtica. Hoy nos atraviesan aulas complejas, heterogéneas, desafiadas por los avances tecnológicos y mucha incertidumbre, donde ya sabemos que el conocimiento está disponible por diversos medios, entonces lo que se necesita, es orientación, criterio y experiencias significativas (puntos fuertes que abordaremos en próximos artículos).
Sostener la idea de diseñador nos hace relacionar los conceptos de escenarios o paisajes de aprendizaje, dejando de lado la idea de“la clase”como algo aislado o como sucesión de actividades.
El desafío del docente de hoy es planificar y proponer situaciones didácticas en un entramado coherente, atravesado por proyectos, problemas, juegos, etc.
Desde su rol como mediador, su tarea será ayudar a interpretar, seleccionar, conectar, haciendo posible el acceso, construcción y circulación del conocimiento y como acompañante, que pueda tener una mirada amplia y humanista que suponga el escuchar, retroalimentar, acompañar trayectorias.
Pero esta transformación no depende únicamente de la voluntad individual de un docente. Sabemos que la realidad educativa actual presenta retos y problemas que muchas veces son obstáculos fuertes que se deben salvar si queremos proponer un cambio. Tiempos limitados, diversidad de estudiantes, demandas institucionales y cambios permanentes en el contexto social y cultural, son variables constantes de esa realidad.
¿Cómo avanzamos con estas prácticas?
…se requiere trabajo colectivo, acuerdos institucionales, espacios de formación docente situada y tiempo. Básicamente podemos resumir esto en tres ejes concretos: el estudiante en el centro del proceso, un proyecto institucional claro, concreto y trabajo docente en equipo colaborativo.
Hacer cosas distintas no significa cambios profundos, hay que pensar diferente y recrear la cultura educativa, como proponemos en nuestro primer artículo.
Si queremos estudiantes protagonistas, ¿qué tipo de experiencias deberíamos diseñar para que puedan crear, explorar y construir conocimiento?
Una posible respuesta … introducirse en el mundo del aula maker, propuesta que abordaremos en el próximo artículo.
Fabiana Luján Garcia
Licenciada y Profesora en Psicopedagogía y Ciencias de la Educación.
Magister en Programación e Implementación de Proyectos Educativos.
María Elena Vicente
Licenciada en Educación
Licenciada en Aprendizaje Inclusivo y Efectivo
Profesionales con experiencia en gestión y liderazgo de equipos en instituciones educativas. Convencidas (por la propia práctica y la experiencia), que “transformar” implica construir sentido compartido, acompañar procesos y generar condiciones para el trabajo colaborativo. Que “orientar didácticamente” supone acordar y definir marcos claros, promover la reflexión sobre las prácticas y sostener instancias de formación situada. Los cambios genuinos no se imponen: se construyen colectivamente, con coherencia y acompañamiento continuo.






